No es que me dedique a soltar poesías como si fuesen churros, sino que, por fin, están cristalizando ideas a las que llevaba dando vueltas hace tiempo. La poesía, igual que el ensayo, la novela, el relato, el teatro, cualquier género, nunca debe ser algo que practiquemos de forma industrial. Quiero, dado lo prolífico que estoy estos días, dejar claro esto, y que no quepa achacar ninguna responsabilidad a mi humilde persona si alguien decide escribir en plan stajanovista.
El olvido de los nombres
En el inicio de los tiempos
después de crear el mundo
Dios ordenó a Adán
que a las cosas pusiera nombre.
Cada animal, cada planta
tuvo el suyo
cada uno valía por sí mismo
y por sí mismo era conocido.
Se supo también que,
en el principio, era el Verbo,
y que Dios, Espíritu Santo,
era palabra, logos, razón,
y que todo hombre
tiene un nombre secreto
que sonará en sus oídos
con voz divina
en el final de los tiempos
cuando los cuerpos vuelvan a la vida.
Vivió el hombre un mundo
en el que todo significaba
en el que todo tenía razón de ser
en el que todo tenía un valer propio
en que,
a través de la razón,
de la palabra,
el hombre vivía
en intimidad con Dios.
Llegó un tiempo, sin embargo,
en el que un sabio loco
elucubró,
allá dentro de su mollera,
que no,
que los nombres no servían
para que las cosas existiesen,
que la razón no era el nombre,
que la razón debía dominar
el mundo.
Hoy,
que no queda ningún misterio
nada por explorar
por descifrar
por descubrir
el hombre
es ajeno, sin embargo,
El olvido de los nombres
En el inicio de los tiempos
después de crear el mundo
Dios ordenó a Adán
que a las cosas pusiera nombre.
Cada animal, cada planta
tuvo el suyo
cada uno valía por sí mismo
y por sí mismo era conocido.
Se supo también que,
en el principio, era el Verbo,
y que Dios, Espíritu Santo,
era palabra, logos, razón,
y que todo hombre
tiene un nombre secreto
que sonará en sus oídos
con voz divina
en el final de los tiempos
cuando los cuerpos vuelvan a la vida.
Vivió el hombre un mundo
en el que todo significaba
en el que todo tenía razón de ser
en el que todo tenía un valer propio
en que,
a través de la razón,
de la palabra,
el hombre vivía
en intimidad con Dios.
Llegó un tiempo, sin embargo,
en el que un sabio loco
elucubró,
allá dentro de su mollera,
que no,
que los nombres no servían
para que las cosas existiesen,
que la razón no era el nombre,
que la razón debía dominar
el mundo.
Hoy,
que no queda ningún misterio
nada por explorar
por descifrar
por descubrir
el hombre
es ajeno, sin embargo,
al mundo.
La Naturaleza
es hoy sólo Ciencia
o un lugar de esparcimiento
El hombre ha olvidado su alma
su espíritu, a Dios
el hombre ha olvidado los nombres
el hombre
ya no es nada.
La Naturaleza
es hoy sólo Ciencia
o un lugar de esparcimiento
El hombre ha olvidado su alma
su espíritu, a Dios
el hombre ha olvidado los nombres
el hombre
ya no es nada.
2 comentarios:
No estás stajanovista ni en huelga al estilo japonés, es que el alma te anda brotando a borbotones y ahora has decidido sacarla a pasear.
Gracias por enviarme esa flor bellísima a mi casa.
Muy interesante.
No sabía esta faceta tuya.
Muchos saludos.
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