jueves 24 de abril de 2008

La dama de ébano

En un lejano pueblo tropical

donde los negros

aún practican el vudú

reina la figura

de ébano

de una alta dama

que a aquel lejano poblado

alegrías y penas procura.

En los buenos tiempos,

ella convence a los hombres

para que su ambición

choque con la del vecino,

anima

al joven licencioso

en sus largas orgías

y da, en su colmado,

un bebedizo

a la joven en estado

de buena esperanza.

En los malos tiempos

siembra discordias

y lleva al suicidio

al desesperado.

Esta remota aldea,

sólo conocida

por caminos inciertos

casi indistinguibles

entre la maleza

amenazados por alimañas

por lo cuales

sólo pasan el bandido y el cuatrero,

vive bajo el indiscutido poder

de la dama de ébano

que respondería

con una sonora carcajada

si algún alma bendita

que por un azar hasta allí

hubiera osado llegar

se atreviese a increparle.

La coqueta dama

va siempre vestida

con una larga falda de caña

falda que no permite ver sus piernas

rematadas en una pezuña dorada

tal y como si fuese una cabra

de su mismo color.