En un lejano pueblo tropical
donde los negros
aún practican el vudú
reina la figura
de ébano
de una alta dama
que a aquel lejano poblado
alegrías y penas procura.
En los buenos tiempos,
ella convence a los hombres
para que su ambición
choque con la del vecino,
anima
al joven licencioso
en sus largas orgías
y da, en su colmado,
un bebedizo
a la joven en estado
de buena esperanza.
En los malos tiempos
siembra discordias
y lleva al suicidio
al desesperado.
Esta remota aldea,
sólo conocida
por caminos inciertos
casi indistinguibles
entre la maleza
amenazados por alimañas
por lo cuales
sólo pasan el bandido y el cuatrero,
vive bajo el indiscutido poder
de la dama de ébano
que respondería
con una sonora carcajada
si algún alma bendita
que por un azar hasta allí
hubiera osado llegar
se atreviese a increparle.
La coqueta dama
va siempre vestida
con una larga falda de caña
falda que no permite ver sus piernas
rematadas en una pezuña dorada
tal y como si fuese una cabra
de su mismo color.
jueves 24 de abril de 2008
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