miércoles 30 de abril de 2008

Nuestra cultura y la suya. El caso de Holanda.

Voy a ser políticamente incorrecto, y voy a ser políticamente incorrecto de un modo contrario al que pueda suponer que lo pueda ser una persona que entienda que soy "de derechas" (clasificación odiosa, monocroma y en la que no me identifico en absoluto). Y es que, frente a las posturas generales "de derecha", que afirman que los inmigrantes islámicos -y pongo el caso de Holanda porque es el más candente, porque es donde esto se está viendo más claro- debe adoptarse a nuestra cultura, yo pregunto ¿perdón, qué cultura?¿acaso tenemos una cultura propia?¿hay una cultura en Europa, más allá de la cultura intelectual, hay una cultura popular? Porque creo que la cuestión, más allá del debido respeto por todas las religiones y culturas a los derechos humanos -en cuanto estos definen una relación de no sometimiento de un ser humano a otro, cuidado por lo demás, porque también existe una verdadera "ideología de los derechos humanos"- radica en que hemos llegado a un punto en el que nos resulta repulsivo todo aquello que pueda entenderse como cultura, todo aquello que sostenga, de forma consciente, una cosmovisión, una forma de entender el mundo, plasmada en una determinadas formas de conducta.
Debemos cuestionarnos si el uso del velo o el no comer carne de cerdo, o incluso la realización de modo separado de determinadas actividades -también los judíos, por ejemplo, asisten separados a misa- es una restricción o no de la libertad, o responden a una tentación de hundir a alguien en un estado de servidumbre. ¿Se ha pensado alguna vez lo que significaría para un niño musulmán obligarle a comer carne de cerdo en un menú escolar? Porque si tales costumbres son libremente aceptadas en el marco de unas creencias religiosas y no resultan toleradas por una supuesta infracción de los valores imperantes en la esfera pública, estaremos hablando de que los realmente intolerantes aquí no serán las personas de religión islámica, o de cualquier religión que sea, sino aquellos que, con la excusa de pretender la realización del proyecto ilustrado, imponen una abstracción de la vida real, de las personas reales. Esto, en una situación en la que nosotros tuviésemos una cultura, unos determinados estándares, aunque aceptasen la libertad, la disidencia, pero que partiesen siempre por una pregunta sobre la busqueda del sentido, sería una simple cuestión de intolerancia de una cultura por otra. De tal modo, y aunque determinados sectores de la cultura islámica estén realmente radicalizados, podríamos decir, de modo general, que mientras acusamos a una cultura de ser intolerante, la cultura realmente intolerante sería la nuestra.
Creo, sin embargo, que el problema es más complejo. El problema es que no tenemos, tras la secularización, racionalización, sometimiento al orden económico, del mundo, un sistema de valores que vaya más allá del hombre ilustrado, del individuo. Individuo que hace tabla rasa sobre la primera cuestión de la metafísica, desde un punto de vista existencial, es decir, si existe o no una dimensión trascendente, individuo que vive totalmente aislado, abocado a la dominación del mundo, que ha perdido toda significación propia, a la maximización del placer y a la maximización de sus beneficios económicos. Un modelo de hombre, el basado en el individuo, que, implantado por unas elites, ha abandonado lo que en él pudiera haber de progreso político (una verdadera libertad del hombre, una verdadera representación y participación del hombre en la gestión de los asuntos comunes que le conciernen) y se ha decantado de modo unidimensional por un sempiterno progreso económico que ha generado unas claras tensiones económicas, sociales, psicológicas y ecológicas.
El problema de la no existencia de esta cosmovisión es que no hay un sentido en la vida del hombre, no hay una forma de vivir, no porque haya una debida tolerancia a las formas de expresión moral, sino porque la vida no tiene ninguna finalidad, y haga lo que haga el hombre no estará alcanzando realmente ningún valor. Esta, además, no es una situación realmente de libertad. El hecho de que la busqueda de sentido se contradiga con la complacencia en el hedonismo, de modo que aprendemos a guiar nuestra conducta, lo cual, de algún modo, es una restricción del valor de la libertad como valor absoluto, no significa que la complacencia en el hedonismo, que el individualismo, que el hacer siempre lo que se quiera o lo que se crea que se quiere, sean síntomas de libertad. La libertad requiere de proyecto, de querer hacer algo. Fuera de este proyecto, la libertad es meramente biológica y lo biológico responde a la determinación. Así, la defensa de un modo de vida occidental, tal y como realmente existe, es la defensa de un vacío, pero además de un vacío donde el hombre no es libre, no ya porque no suponga un proyecto, sino porque es un vacío directamente comunicado con las modas, las tendencias, el consumo y demás fenómenos de masas. Aquí, el individuo, lejano del hombre libre, del disidente, hace un mero seguidismo de lo que se lleva socialmente.
El Roto, hace tiempo, en una viñeta afirmaba que el bikini era el burka de occidente. Si bien esto, tomado al pie de la letra, nos llevaría a una posición ultra-conservadora, tomado como sarcasmo no deja de tener parte de verdad. Igual que la maximización de las satisfacciones nos lleva a convertirnos en máquinas, a dejar de ser personas. Creo que, en un ámbito siempre de libertad, de respeto mutuo, se deben exponer, las distintas culturas, los distintos modos de entender el mundo, intentando entenderse desde una posición de tolerancia, intentando aprender unas de otras. Hay un viejo dicho: quien no tiene maestros, acaba siendo discípulo del demonio.
Aclaración posterior: Cuando digo velo me refiero al que rodea la cara, no al que la cubre, que me parece que anula la identidad personal.

1 comentarios:

pseudópodo dijo...

Interesante reflexión. Llevo tiempo pensando que los musulmanes quizá nos respetaran más a los occidentales si fuéramos una cultura cristiana (con la que al fin y al cabo tienen muchas afinidades) en vez de ser lo que somos, que, se mire como se mire, es poco presentable desde el punto de vista del sentido y de los valores.

A veces, viendo la televisión por ejemplo, pienso que ¿cómo no nos va a encontrar despreciable alguien que se asoma a nuestra sociedad a través de esa ventana? Occidente tiene mucho de lo que estar orgulloso, pero todo lo mejor que tenemos está oculto y nos avergonzamos de ello.