Si hay una calificación que en literatura -excepto, tal vez, con un fin clasificatorio por parte de la crítica- me parece, con perdón, una verdadera, una completísima estúpidez es la de "poetas malditos". De ahí lo entrecomillado del título. Mala forma de entender a aquellos grandes poetas. Aquel infausto cartel, de aquella infausta campaña -supuestamente promoviendo la lectura- en la que una joven oligofrénica, moderna y botera salía diciendo (esto, en realidad, salía escrito, claro) "Yo y mis poetas malditos". Si por poetas, o escritores en general, malditos, entendemos a Baudelaire, Poe, Barbey d'Aurevilly, Rimbaud...diré que eso es lo último que ellos hubiesen querido decir de sí mismos. Nacidos en un mundo plenamente burgués, de religiosidad formal de estricto cumplimiento, pero de apostasía práctica, de gran indiferencia hacia el otro, estos hombres, de gran sensibilidad, emprenden una búsqueda. Búsqueda en la que se asomarán a los abismos, en la que apurarán la copa hasta las heces, en la que imprecarán, blasfemarán, maldecirán, consecuencia de un gran dolor, de una gran rabia e indignación contra los hombres.
Lo menos importante para ellos será "ser malditos", epatar, al contrario de muchos de los que, después, se han dicho sus seguidores. Muchos escritores no considerados como malditos, me vienen ahora a la mente Bernanos o Papini, tienen también páginas de gran angustia, francamente apocalípticas. Teología negativa, como dice, entre otros muchos, Juan Asensio, Stalker, stalker.hautetfort.com, que no es, en ningún momento, increencia. ¿Quién puede ignorar el profundo catolicismo de Baudelaire?¿Quién puede ignorar que, en la búsqueda infructuosa de Poe, en su descenso a los infiernos, hay una religiosidad, no ya cien, ni mil, sino infinitamente superior a la de las beatas que toman chocolate con Don Rafael y dicen que Don Alfonso ha hecho muy buen sermón? El crepúsculo no es sino manifestación de la crisis de la cultura.
¿Qué culpa tienen de haber sido reivindicados por una panda infame de progres y góticos? Si Baudelaire hubiese visto a la imbécil de "Yo y mis poetas malditos", seguramente le hubiese vomitado encima, le hubiese escupido o le hubiera recordado lo que en "El spleen de París" le sugiere a aquella amante boba, que se meta en la jaula de un oso.
1 comentarios:
¿Te parece poca maldición el contar con una legión póstuma de seguidores progres y góticos?
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