lunes 26 de mayo de 2008

Muse, "Butterflies and Hurricanes"

Muse, "Butterflies and Hurricans"...disfruten


viernes 23 de mayo de 2008

Lugares perdidos

Decíamos ayer…

La gente habla normalmente de los lugares comunes, hasta el punto de que eso de los lugares comunes ha pasado a ser, por su propio derecho, un lugar común. Hemos llegado a un punto en que casi no hay crítica más ordinaria que el decir que una creación o una idea cae en lugares comunes, aunque lo simple de la crítica no da certificado de validez a aquella obra falta de toda originalidad, no entendida como capacidad de epatar –lo cual es cada vez menos original- sino de retornar a los orígenes para replantear la tradición con voz propia. Pero no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Aunque de hecho comience mal, criticando lo ordinario de las críticas que caen en el lugar común de señalar que una determinada creación cae en lugares comunes. La pescadilla que se muerde la cola. De lo que quiero hablar es de los lugares perdidos.


Todos, con tal de que hayamos vivido ya unos pocos años, acuñamos una serie de lugares perdidos, escenas de película que no sabemos a qué película pertenecen, música que tarareamos sin saber por qué ni de dónde nos la hemos sacado, cosas que creemos haber leído pero que no encontramos en nuestra biblioteca. Esto, al contrario de la respuesta fácil, no es, puramente, cuestión de memoria. Es obvio que, en muchos casos, no nos acordamos como limitación de nuestra memoria, pero también lo es que recordamos esos fragmentos gracias a ella. Tenemos muchos intereses dispersos, fragmentarios, no intencionados, en los que simplemente nos dejamos llevar, lo cual, por otra parte, es algo esencial en el conocimiento del mundo.


Si no nos mantenemos siempre abiertos nos perdemos muchas cosas, y cuando crecemos todos, incluidos los que presumimos vanamente de tener alguna inquietud o vocación intelectual, que si no es puro academicismo pasa por la observación de la vida y de los hombres, de las pequeñas tragedias y de las pequeñas alegrías, nos cerramos en cuatro paredes. Unos con una cultura de subproducto, otros con lo “intelectualmente serio” o lo “intelectualmente solvente” o las “cuestiones centrales”, cuyos criterios de determinación son, la mayor parte de las veces, oscuros. No obstante, inconscientemente, o involuntariamente, prestamos en ocasiones atención a cosas que no entran dentro de nuestra esfera normal de preocupaciones. ¿Quién no se ha dejado llevar por una sensación de atracción que un determinado objeto de atención, por banal que fuera, ha ejercido sobre él?¿Quién no se ha encontrado a sí mismo haciendo especulaciones extrañas sobre asuntos, digamos, curiosos?¿Quién no se ha sentido nunca una maruja de patio de vecinos, o no ha entrado nunca en foros o páginas de informaciones o contenidos dudosos, por el mero ánimo de explorar?


Es en esta dispersión de nuestro interés de donde surgen los lugares perdidos. Escenas de películas que no nos interesaban en absoluto, o que no tuvimos en ese momento tiempo de ver, pero que nos retuvieron durante unos instantes frente a la pantalla de televisión. Música que oímos no se sabe dónde, quizás por la calle, quizás en un anuncio, y comenzamos a tararear, por encontrarla melodiosa, atractiva, o simplemente por considerarla pegadiza. Artículos, relatos, documentos, que leímos un día cualquiera buscando información sobre un tema totalmente extraño, desde teorías de la conspiración que atentaban a nuestra razón pero nos hacían sentir, al mismo tiempo, los más sagaces e inteligentes, a asociaciones inusitadas de ideas que nos inspiro no se sabe que extraña musa, musa que seguramente se hallaba bajo los efectos de algún tipo de alucinógeno. Son, por así decir, nuestra parte bizarra. Aquella parte que no hemos sometido a plan, ni siquiera a voluntad sostenida o a elección meditada, matización necesaria porque sería, de algún modo, horrible, que el tronco de nuestra vida estuviese sometido a planificación más allá de lo puramente necesario para no perdernos en mil meandros y no llegar a ningún sitio. Y es por esta bizarría por la que recordamos esos lugares perdidos. Continuamente nos sometemos a flujos diversos de información, ya sea letra escrita, ya sea música, películas, teatro, que olvidamos, o que sintetizamos en ideas o impresiones. Los lugares perdidos, sin embargo, los recordamos con mucha mayor viveza. Sobresalen frente a nuestras preocupaciones morales. Sirven como constraste, como límite, de nuestra normalidad. Son nuestro reverso negativo. Por supuesto, aquí negativo no tiene ninguna intención de evaluación moral, sino que su uso es meramente descriptivo.

Los lugares perdidos son también aquello que perdimos, no sólo por falta de recuerdo, sino que perdimos literalmente. Aquello que pudimos ser y no fuimos, aquella potencialidad fracasada, no necesariamente con malos resultados, simplemente sustituida por una bifurcación. Durante un instante, durante un momento, fuimos otros. Los lugares perdidos, así, entran en relación con otro tipo de lugares perdidos, los lugares perdidos físicos, o geográficos. Aquella casa de la que nos mudamos, o aquella casa de campo que, durante nuestra infancia y primera adolescencia, nos semejaba un edén, un eterno jardín, un lugar único, y hoy dejamos de lado ante los bullicios y las pompas de la ciudad, o ante nuestras siempre multiplicadas preocupaciones y ocupaciones. En estos lugares sigue habiendo una imagen de nosotros mismos, una imagen que es de algún modo, un fantasma, una memoria. Quien no tiene una sensación de déjà vu cuando vuelve a esos lugares, una sensación de que estamos reviviendo momentos, sensaciones, que al mismo tiempo nos sucedieron en un tiempo cronológicamente medible, pero que parece perdido en la infinitud, y que sucedieron a otra persona que era yo pero que no era yo. Si se estudia la figura de lo fantasmático en la literatura o en las costumbres populares, es indudable su condición de imagen, de memoria, y esa imagen o memoria, como proyección de nosotros mismos, como individuos o como parte de la comunidad. Quién sabe, quizás algún día, entre mis futuros grandes libros, se halle uno con el título “Imagen y fantasma”, lo cual no sería, seguramente, original, pero, al menos a mí, me parece un tema sumamente interesante.

martes 6 de mayo de 2008

Nathaniel Hawthorne

Os adjunto el link a un cuento de Hawthorne, "El joven Goodman Brown", que leí hoy y es una pequeña obra maestra que me ha impresionado. Yo lo leí en "Joyas literarias norteamericanas", ed. Pedro Hurtig, Moorea, Buenos Aires, 1978. El link que adjunto pertenece a una muy buena página literaria, Ciudad Seva.

Lugares comunes

Sé perfectamente que son dos lugares comunes, pero últimamente siempre comienzo el día con esto:





y con esto:



lunes 5 de mayo de 2008

Revista de Prensa

Un muy buen artículo de Rafael Argullol en El País, sobre la crisis económica, criticando el modelo económico ortodoxo.
Posiblemente no se pueda estar de acuerdo con todo -a pesar de lo interesante y acertado de muchas de sus ideas- pero es indudable que Agustín García Calvo, entrevistado por ABC, es una voz disonante:
Señalar la gran reseña que, a lo largo de varias entradas, ha escrito Marcelo Figueras en su blog (a la derecha) sobre Ricardo Piglia y la narratividad.
En francés, por último, Pierre Cormary sobre el libro de René Girard "Mensonge romantique et verité romanesque" (con traducción española, si no recuerdo mal, "Mentira romántica y verdad novelesca")

domingo 4 de mayo de 2008

"Poetas malditos"

Si hay una calificación que en literatura -excepto, tal vez, con un fin clasificatorio por parte de la crítica- me parece, con perdón, una verdadera, una completísima estúpidez es la de "poetas malditos". De ahí lo entrecomillado del título. Mala forma de entender a aquellos grandes poetas. Aquel infausto cartel, de aquella infausta campaña -supuestamente promoviendo la lectura- en la que una joven oligofrénica, moderna y botera salía diciendo (esto, en realidad, salía escrito, claro) "Yo y mis poetas malditos". Si por poetas, o escritores en general, malditos, entendemos a Baudelaire, Poe, Barbey d'Aurevilly, Rimbaud...diré que eso es lo último que ellos hubiesen querido decir de sí mismos. Nacidos en un mundo plenamente burgués, de religiosidad formal de estricto cumplimiento, pero de apostasía práctica, de gran indiferencia hacia el otro, estos hombres, de gran sensibilidad, emprenden una búsqueda. Búsqueda en la que se asomarán a los abismos, en la que apurarán la copa hasta las heces, en la que imprecarán, blasfemarán, maldecirán, consecuencia de un gran dolor, de una gran rabia e indignación contra los hombres.
Lo menos importante para ellos será "ser malditos", epatar, al contrario de muchos de los que, después, se han dicho sus seguidores. Muchos escritores no considerados como malditos, me vienen ahora a la mente Bernanos o Papini, tienen también páginas de gran angustia, francamente apocalípticas. Teología negativa, como dice, entre otros muchos, Juan Asensio, Stalker, stalker.hautetfort.com, que no es, en ningún momento, increencia. ¿Quién puede ignorar el profundo catolicismo de Baudelaire?¿Quién puede ignorar que, en la búsqueda infructuosa de Poe, en su descenso a los infiernos, hay una religiosidad, no ya cien, ni mil, sino infinitamente superior a la de las beatas que toman chocolate con Don Rafael y dicen que Don Alfonso ha hecho muy buen sermón? El crepúsculo no es sino manifestación de la crisis de la cultura.
¿Qué culpa tienen de haber sido reivindicados por una panda infame de progres y góticos? Si Baudelaire hubiese visto a la imbécil de "Yo y mis poetas malditos", seguramente le hubiese vomitado encima, le hubiese escupido o le hubiera recordado lo que en "El spleen de París" le sugiere a aquella amante boba, que se meta en la jaula de un oso.

sábado 3 de mayo de 2008

Emmanuel Mounier

Releo a Mounier, me vuelvo a dar cuenta de lo cercano que mi espíritu se siente del suyo. Es más, en muchas ocasiones, me gustaría haber escrito cosas que él escribió, me gustaría poseer su claridad, su vehemencia, su facilidad de palabra escrita y hablada. Su pacífica voluntad de lucha. Desarrolla cosas que en mí quedan como intuiciones, iluminaciones. Sin duda, le admiro. Lamento que el personalismo en España haya tenido una recepción tan conservadora, tan lejana de sus fuentes. Me gustaría adjuntar aquí una antología de citas, de extractos, pero ¿qué no citar de Mounier? Sus pensamientos sobre el hombre, la persona, la libertad, la comunidad, el compromiso. Cada día tengo más claro que estoy en la conjunción de Unamuno, Papini y Mounier. Con gotas, claro, de otros. Con muchas gotas, muchas, de Arendt. Pero Unamuno, Papini y Mounier. Aunque hay autores, como Bloy o Bernanos, en los que me gustaría profundizar mucho más, que sólo conozco epidérmicamente.

viernes 2 de mayo de 2008

Mayo del 68, la necesidad de una nueva generación

Me han aceptado la publicación del texto que iba aquí incluido en una revista. De tal modo, considero que lo más ético por mi parte es quitarlo hasta que la revista aparezca publicada. Me comprometo a colgarlo después. Si queréis informaros sobre la revista podéis ir a www.disidencias.net. Gracias por vuestra comprensión.

jueves 1 de mayo de 2008

Como agradecimiento a los lectores franceses que las estadísticas de procedencia por países muestran que entran en este blog, y a aquellos blogs franceses que tienen un link hacia aquí, he decidido colgar la Chanson de Craonne y el Chant des Partisans.
La Chanson de Craonne recuerda uno de los peores episodios de la Historia militar francesa, una batalla, la de Craonne, que, más que batalla, fue un suicidio, pero que era estimada necesaria por los mandos para mantener una posición. La Chanson es anónima, el creador fue un soldado del frente, frente por el que se extendió rápidamente. Pese a los intentos del mando, ningún compañero le traicionó, por lo que no se sabe, a día de hoy, y supongo que hoy ya es muy difícil que se averigüe, quién fue su autor. Revela una realidad frecuente en las guerras, justificadas o no, el hecho de que, frecuentemente, las elites políticas, sociales, económicas, que se llenan la boca hablando de la Nación, mandan a la Nación a la guerra y ellas se quedan en casa. Muchas veces, inspirado en esta canción y en una película, no sé si la recordarán, bastante buena pese a su nombre, "Feliz Navidad", ambientada en el frente en la Primera Guerra -que fue también el escenario de Craonne- he querido escribir una obra de teatro, "El soldado", proyecto que supongo que algún día culminaré:







Chanson de Craonne
Cargado por Horadrim



El "Chant des partisans" es la canción de la Resistencia durante la Segunda Guerra. Creo que no cabe más comentario, si acaso un gran agradecimiento como europeo hacia los hombres que en esa época estuvieron en esa resistencia, pero también en las demás. Y no sólo frente a los nazis, sino en otros frentes, también, hay que recordar, frente a Stalin:



Le Chant des partisans
Cargado por creilenmouvement

miércoles 30 de abril de 2008

La imbecilidad manifiesta de Maruja Torres

La imbecilidad manifiesta de Maruja Torres. Un ejemplo como cualquier otro, sólo que aquí, por razones de intereses familiares, me ha tocado la moral, con esa superioridad suya, y esas descalificaciones ad hominem http://www.elpais.com/articulo/portada/Ay/Marina/d/Or/elpepusoceps/20080418elpepspor_1/Tes/.

Nuestra cultura y la suya. El caso de Holanda.

Voy a ser políticamente incorrecto, y voy a ser políticamente incorrecto de un modo contrario al que pueda suponer que lo pueda ser una persona que entienda que soy "de derechas" (clasificación odiosa, monocroma y en la que no me identifico en absoluto). Y es que, frente a las posturas generales "de derecha", que afirman que los inmigrantes islámicos -y pongo el caso de Holanda porque es el más candente, porque es donde esto se está viendo más claro- debe adoptarse a nuestra cultura, yo pregunto ¿perdón, qué cultura?¿acaso tenemos una cultura propia?¿hay una cultura en Europa, más allá de la cultura intelectual, hay una cultura popular? Porque creo que la cuestión, más allá del debido respeto por todas las religiones y culturas a los derechos humanos -en cuanto estos definen una relación de no sometimiento de un ser humano a otro, cuidado por lo demás, porque también existe una verdadera "ideología de los derechos humanos"- radica en que hemos llegado a un punto en el que nos resulta repulsivo todo aquello que pueda entenderse como cultura, todo aquello que sostenga, de forma consciente, una cosmovisión, una forma de entender el mundo, plasmada en una determinadas formas de conducta.
Debemos cuestionarnos si el uso del velo o el no comer carne de cerdo, o incluso la realización de modo separado de determinadas actividades -también los judíos, por ejemplo, asisten separados a misa- es una restricción o no de la libertad, o responden a una tentación de hundir a alguien en un estado de servidumbre. ¿Se ha pensado alguna vez lo que significaría para un niño musulmán obligarle a comer carne de cerdo en un menú escolar? Porque si tales costumbres son libremente aceptadas en el marco de unas creencias religiosas y no resultan toleradas por una supuesta infracción de los valores imperantes en la esfera pública, estaremos hablando de que los realmente intolerantes aquí no serán las personas de religión islámica, o de cualquier religión que sea, sino aquellos que, con la excusa de pretender la realización del proyecto ilustrado, imponen una abstracción de la vida real, de las personas reales. Esto, en una situación en la que nosotros tuviésemos una cultura, unos determinados estándares, aunque aceptasen la libertad, la disidencia, pero que partiesen siempre por una pregunta sobre la busqueda del sentido, sería una simple cuestión de intolerancia de una cultura por otra. De tal modo, y aunque determinados sectores de la cultura islámica estén realmente radicalizados, podríamos decir, de modo general, que mientras acusamos a una cultura de ser intolerante, la cultura realmente intolerante sería la nuestra.
Creo, sin embargo, que el problema es más complejo. El problema es que no tenemos, tras la secularización, racionalización, sometimiento al orden económico, del mundo, un sistema de valores que vaya más allá del hombre ilustrado, del individuo. Individuo que hace tabla rasa sobre la primera cuestión de la metafísica, desde un punto de vista existencial, es decir, si existe o no una dimensión trascendente, individuo que vive totalmente aislado, abocado a la dominación del mundo, que ha perdido toda significación propia, a la maximización del placer y a la maximización de sus beneficios económicos. Un modelo de hombre, el basado en el individuo, que, implantado por unas elites, ha abandonado lo que en él pudiera haber de progreso político (una verdadera libertad del hombre, una verdadera representación y participación del hombre en la gestión de los asuntos comunes que le conciernen) y se ha decantado de modo unidimensional por un sempiterno progreso económico que ha generado unas claras tensiones económicas, sociales, psicológicas y ecológicas.
El problema de la no existencia de esta cosmovisión es que no hay un sentido en la vida del hombre, no hay una forma de vivir, no porque haya una debida tolerancia a las formas de expresión moral, sino porque la vida no tiene ninguna finalidad, y haga lo que haga el hombre no estará alcanzando realmente ningún valor. Esta, además, no es una situación realmente de libertad. El hecho de que la busqueda de sentido se contradiga con la complacencia en el hedonismo, de modo que aprendemos a guiar nuestra conducta, lo cual, de algún modo, es una restricción del valor de la libertad como valor absoluto, no significa que la complacencia en el hedonismo, que el individualismo, que el hacer siempre lo que se quiera o lo que se crea que se quiere, sean síntomas de libertad. La libertad requiere de proyecto, de querer hacer algo. Fuera de este proyecto, la libertad es meramente biológica y lo biológico responde a la determinación. Así, la defensa de un modo de vida occidental, tal y como realmente existe, es la defensa de un vacío, pero además de un vacío donde el hombre no es libre, no ya porque no suponga un proyecto, sino porque es un vacío directamente comunicado con las modas, las tendencias, el consumo y demás fenómenos de masas. Aquí, el individuo, lejano del hombre libre, del disidente, hace un mero seguidismo de lo que se lleva socialmente.
El Roto, hace tiempo, en una viñeta afirmaba que el bikini era el burka de occidente. Si bien esto, tomado al pie de la letra, nos llevaría a una posición ultra-conservadora, tomado como sarcasmo no deja de tener parte de verdad. Igual que la maximización de las satisfacciones nos lleva a convertirnos en máquinas, a dejar de ser personas. Creo que, en un ámbito siempre de libertad, de respeto mutuo, se deben exponer, las distintas culturas, los distintos modos de entender el mundo, intentando entenderse desde una posición de tolerancia, intentando aprender unas de otras. Hay un viejo dicho: quien no tiene maestros, acaba siendo discípulo del demonio.
Aclaración posterior: Cuando digo velo me refiero al que rodea la cara, no al que la cubre, que me parece que anula la identidad personal.

Retratos

Retratos


En el recibidor de casa,

en la mesita,

hay fotos de mis padres,

de su infancia.

Les miro pequeños,

con rostro infantil,

y pienso en su niñez.

La niñez de una niña

que saltaba a la comba,

de un niño

que jugaba a las canicas.

¿Qué he hecho yo de ellos,

con esos pobres niños,

con esos niños

hoy huérfanos?

¿Cómo he pagado,

cómo pago,

toda la dulzura de su corazón?

¿Cómo cesar

en mi egoísmo?

Quizás,

si en ellos viera

esos niños de dulce rostro

que aún son,

y no unas personas mayores,

extrañas,

como viviendo, digamos,

en otra dimensión,

quizás entonces

mi amor no sería

sólo palabras.

martes 29 de abril de 2008

Revista de Prensa

Para empezar, dos visiones del 68 en voxnr, una a cargo de Alain de Benoist, con su, por lo común, rigor intelectual, bastante favorable sobre la misma, si bien también con un fuerte acento crítico:
y la otra, un testimonio personal, de alguien que estuvo alejado del 68, que, en todo caso, resulta curiosa e interesante
Continuamos con un autor, Pierre Le Vigan, pensador al que le voy cogiendo gusto, también en voxnr, que ha escrito una buena reseña acerca del trabajo de Michael Urance sobre Knut Hamsun
y un MAGISTRAL trabajo geopolítico de Robert Steuckers tratando el tema de la relación Europa-Rusia:
Pierre Le Vigan ha realizado un buen acercamiento al tema del decrecimiento en EuropeMaxima
artículo que se puede complementar con el alegato a favor de la economía auto-centrada hecho en la página de Polemia
Tengo más cosas guardadas, pero por el momento es suficiente. Espero que las disfruten.

lunes 28 de abril de 2008

viernes 25 de abril de 2008

El olvido de los nombres

No es que me dedique a soltar poesías como si fuesen churros, sino que, por fin, están cristalizando ideas a las que llevaba dando vueltas hace tiempo. La poesía, igual que el ensayo, la novela, el relato, el teatro, cualquier género, nunca debe ser algo que practiquemos de forma industrial. Quiero, dado lo prolífico que estoy estos días, dejar claro esto, y que no quepa achacar ninguna responsabilidad a mi humilde persona si alguien decide escribir en plan stajanovista.





El olvido de los nombres





En el inicio de los tiempos



después de crear el mundo



Dios ordenó a Adán



que a las cosas pusiera nombre.





Cada animal, cada planta



tuvo el suyo



cada uno valía por sí mismo



y por sí mismo era conocido.





Se supo también que,



en el principio, era el Verbo,



y que Dios, Espíritu Santo,



era palabra, logos, razón,



y que todo hombre



tiene un nombre secreto



que sonará en sus oídos



con voz divina



en el final de los tiempos



cuando los cuerpos vuelvan a la vida.





Vivió el hombre un mundo



en el que todo significaba



en el que todo tenía razón de ser



en el que todo tenía un valer propio



en que,



a través de la razón,



de la palabra,



el hombre vivía



en intimidad con Dios.





Llegó un tiempo, sin embargo,



en el que un sabio loco



elucubró,



allá dentro de su mollera,



que no,



que los nombres no servían



para que las cosas existiesen,



que la razón no era el nombre,



que la razón debía dominar



el mundo.





Hoy,



que no queda ningún misterio



nada por explorar



por descifrar



por descubrir



el hombre


es ajeno, sin embargo,
al mundo.





La Naturaleza



es hoy sólo Ciencia



o un lugar de esparcimiento



El hombre ha olvidado su alma



su espíritu, a Dios



el hombre ha olvidado los nombres



el hombre



ya no es nada.

En un jardín de flores





En un legendario jardín de flores



frecuentado por los dioses



donde crecen mil rosas



hay una entre ellas



mucho más bella



al lado de la cual



las demás palidecen.



Esta rosa,



más intuida que conocida



que nunca, ningún hombre,



fue lo suficientemente puro



para alcanzar a admirar



es objeto de mis quimeras.



Si yo tuviera un alma buena



y este mundo, cruel,



no me hubiese pervertido,



sin duda la buscaría



para postrarme a tus pies



y ante ellos ponerla,



pues tu alma buena



y tu rostro de niña



son las dos



únicas flores



comparables.

Tormenta (tango)

Tormenta, un tango precioso con el que me identifico:

jueves 24 de abril de 2008

La dama de ébano

En un lejano pueblo tropical

donde los negros

aún practican el vudú

reina la figura

de ébano

de una alta dama

que a aquel lejano poblado

alegrías y penas procura.

En los buenos tiempos,

ella convence a los hombres

para que su ambición

choque con la del vecino,

anima

al joven licencioso

en sus largas orgías

y da, en su colmado,

un bebedizo

a la joven en estado

de buena esperanza.

En los malos tiempos

siembra discordias

y lleva al suicidio

al desesperado.

Esta remota aldea,

sólo conocida

por caminos inciertos

casi indistinguibles

entre la maleza

amenazados por alimañas

por lo cuales

sólo pasan el bandido y el cuatrero,

vive bajo el indiscutido poder

de la dama de ébano

que respondería

con una sonora carcajada

si algún alma bendita

que por un azar hasta allí

hubiera osado llegar

se atreviese a increparle.

La coqueta dama

va siempre vestida

con una larga falda de caña

falda que no permite ver sus piernas

rematadas en una pezuña dorada

tal y como si fuese una cabra

de su mismo color.

lunes 21 de abril de 2008

El paseante en la ciudad (borrador- esquema, más una acumulación de ideas que un texto elaborado, I)

Paseo por la ciudad. El verdadero conocimiento se halla en el encuentro con el hombre. Hoy nos hemos cansado de loas grandes discursos omni-comprensivos, que pretenden un dominio, una abstracción del mundo. Sin duda, "nada de lo humano me es ajeno", tal y como dijo Terencio. Pero ¿la preocupación por el hombre debe traducirse en una abstracción del hombre? Esta es la mejor forma de olvidar al hombre concreto, real, que tenemos enfrente. Discursos teóricos como forma de escapismo. ¿Para quién hablamos, para quién escribimos? La teoría no debe desligarse del mundo. El pensador se debe más al hombre que a la Academia. Con la excusa de la especialización del conocimiento ininteligible, vuelto sobre sí mismo, frío, que no habla de los problemas del hombre. Necesidad de abandonar, de relativizar, estos grandes discursos en nuestra comprensión del mundo. Lo pequeño conduce a la grande. Es por cada hombre por quien se debe luchar. Es el tesoro que constituye cada vida humana, la dignidad del hombre más humilde, lo que nos lleva a la trascendencia. Lo que importa, realmente, son las pequeñas tragedias, las pequeñas alegrías. Hemos contemplado el fracaso de casi todo. Este mundo ya no es nuestro mundo, ni siquiera sabemos si es un mundo. Hemos visto muecas fatales en las personas y en los ideales que creíamos más nobles. Dos escepticismos. el primero, despertando de un mundo que creíamos bueno, luchar contra lo que creemos injusto. El segundo, más duro, más cruel. Ya no permite el idealismo. ¿Haý razones para esta lucha?¿La lucha por una idea no lleva al dominio totalitario de una idea? No debe proponerse una idea del hombre ni del mundo. Históricamente, toda idea del hombre o del mundo ha llevado a una sustitución del hombre por la idea del hombre. Socialismo, fascismo, liberalismo, ideas nobles que se han convertido en un constreñimiento totalitario del hombre. Estalinismo, fascismo/nazismo, hiper-capitalismo, los tres totalitarismos clásicos del siglo XX. El último, también del siglo XXI.

Belle Époque

Siendo valenciano, y siendo Valencia una región donde el modernismo estuvo bastante presente, siempre he asumido como natural que, incluso en los pueblos, haya un importante número de edificios modernistas, y que en las ciudades este importante número se multiplicase y, además, se revistiese de grandeza. Yo mismo, en mi pueblo, Picassent, un pueblo mediano, de unos 17.000 habitantes, vivo en un palacete modernista del año 27. Por eso, en el pasado viaje familiar, en que fui con mis padres, mi hermana y su marido a Ávila, ciudad que nunca había visto, y en el que hicimos una pequeña excursión a Segovia, ciudad que ya conocía pero que me alegré mucho de volver a pisar, no pude dejar de notar la escasez de edificios modernistas como algo raro en el ambiente. Ávila, debo decirlo, me pareció preciosa, una de esas ciudades donde no me importaría vivir, pero esa belleza era, no obstante, una belleza donde me faltaba algo a lo que estaba acostumbrado.
Yo, pobre de mí, pensé en el carácter de centros eminentemente administrativos, y más bien cerrados, de las ciudades castellanas a principios del Siglo XX. Evidentemente, el modernismo, presente en otras regiones o ciudades, fue obra de una burguesía que pretendía introducir en las ciudades un aire renovador. La arquitectura crea ambiente, y ética es estética. No debe extrañarnos, aunque sea una cuestión aparte, que en estos tiempos hiper-acelerados, utilitaristas y hedonistas prime un estilo de arquitectura y decoración basado en lo funcional, en las líneas mínimas, para mí muy poco atractivo. Pero a lo que iba. Seguramente, en tierras de Castilla, el poco modernismo que hubo se debía a algún pionero, pionero en muchos casos donde se confundía la chispa de genialidad con una atribilaria locura. Mi primer pensamiento fue que la carencia de arquitectura modernista en esas ciudades era una especie de pecado original.
Me vino a la mente, empero, enseguida, toda la frivolidad que escondía la Belle Époque. Esa frivolidad de traje de lentejuelas, revista de modas y mujer-escoba. Frivolidad encantadora pero no por ello menos frívola. También, en otro orden de cosas, la mentalidad garrula de los nuevos ricos que levantaron muchos de los edificios del cambio de siglo. La belleza la ponía el arquitecto, pero ellos simplemente se dejaban llevar por la moda, por lo nuevo. Patanes entre volutas. Aquella frase del Marqués de "La Regenta", que, si no recuerdo mal -hace ya tiempo que releí la novela- quería echar abajo la Catedral para abrir un mercado. Y pensé en el carácter castellano, que, casi siempre, más que un fanático vestido de negro viviendo rodeado de tías beatas, era un hombre serio, sobrio, honesto, que oteaba el horizonte. Pensando esto, me di cuenta de que, en muchos casos, los provincianos no eran los abulenses o los segovianos, sino los burgueses modernistas a la violeta que pretendían dárselas de cosmopolitas.

lunes 14 de abril de 2008

Conveniencia (mini-relato semi-decimonónico)

Tras el artículo de costumbres estilo "otra generación del 27" del otro día, "Idea tragicómica del matrimonio", he aquí un mini-cuento, también sobre el matrimonio, pero de argumento distinto. Viene a ser una crónica irónico-retro de costumbres decimonónicas:
-No pienso casarme con él, no me pueden imponer un matrimonio de conveniencia -dijo la hermosa joven, atrincherada en su virginidad intrépida.
-Dice muy bien, excepto en una cosa, yo me casaría con usted simplemente por su hermosura -respondió el joven dandy, de buena familia, arruinada, y pasado incierto (entre farra y farra).
-¡Oh! -exclamó la joven, con mejillas sonrosadas por el rubor- tiene usted un corazón tan noble.
Le miró a los ojos, quedando hipnotizada.
-Yo también me casaría con usted.
-Así pues, está hecho. No queremos su bendición, ni su dote, ni sus influencias -espetó el resoluto joven a los padres de él y a los padres de ella.
-Pero hijo mío, ¿vais a quedar en la calle? -pregunta el padre de él.
-No del todo, soy oficial en la oficina de rentas etern...digo perpetuas.
-¿Pero vais a tener suficiente? -preguntan los padres de ella.
-Bueno -titubea la hermosa joven, no queriendo que el nombre de la familia de él se deslustrase en una calle del suburbio- ¿no creeis que nuestro amor sería igual de sincero si nos diesen un empujoncito?
-Tal vez, tal vez -considera el joven elegante, especulando sobre la tristeza de una posible vida sin brillantez, y sobre lo conveniente de tener al mismo tiempo el ángel terrenal y la bolsa llena de cuartos.
-De este modo -pregunta alguien que escucha el relato- ¿se casaron finalmente ambos por conveniencia?

viernes 11 de abril de 2008

Oposiciones e imposiciones

La oposición es más dura de lo que esperaba, sustancialmente más dura, al menos mientras no me familiarice de un modo estrecho con el Derecho. Dedico unas dos horas a leer los distintos blogs situados a la izquierda. Dedico dos o tres horas a mis lecturas, en el término medio de un límite máximo para no convertirme de modo completo en un letraherido y el requisito mínimo para poder, en un futuro, ser un escritor competente en los distintos géneros, capaz de argumentar, con una cultura extensa, y no un mero intelectual de quita y pon. Sale a 200 ó 300 pp. diarias, aunque en estas cosas lo más importante no es, claro, lo cuantitativo. Dos horas o poco más a leer ABC, El Mundo y El País (he renunciado ya a Público y La Razón, tienen mucho de folletos y me ocupan tiempo). Siendo la lectura de libros y periódicos obligada (la segunda incluso para la oposición, en cuanto que la primera prueba es un ensayo sobre un tema de actualidad política relacionado con el temario) debo pues quitarme fardo por el lado del blog. Esto no es un cierre, ni siquiera un hasta luego. Es un ¡no tantos blogs diarios!¡no tanta busqueda de cosas de interés para quienes venís aquí! Así, espaciaré mucho las revistas de prensa, la música, escribiré sólo lo que crea que deba decir -lo cual, además, debería ser obligado siempre, el silencio es toda una disciplina intelectual- y aquello que no puedo incluir en ningún otro sitio, al no estar en ninguna revista (si alguien conociese una revista no necesariamente prestigiosa pero sí seria y honesta...). De tal modo, comienzo a ver las imposiciones que traen las oposiciones, y voy a tener que dedicaros un tiempo mucho menor. Espero que me comprendáis y sepáis disculparme.

viernes 4 de abril de 2008

Revista de Prensa (I)

Siguiendo con las series, mis revisiones de otros blogs van a encuadrarse a partir de ahora en lo que voy a llamar "Revista de Prensa". Así pues, comienzo, aunque voy con algo de retraso, porque en los últimos días no he tenido tiempo para los blogs ajenos:
Horrach, un buen artículo sobre la muy polémica Fitna, de Geert Wilders http://horrach.blogspot.com/2008/03/fitna.html y una buena semblanza de Schnitzler, Arthur http://horrach.blogspot.com/2008/03/arthur-schnitzler-y-la-viena-imperial.html.
Joaquín, Don Cogito, un extracto muy interesante de un libro de Solshenitsin (aunque, como todos los apellidos rusos, se escribe en castellano de una infinidad de maneras) http://papelesdedoncogito.blogspot.com/2008/03/autolimitacin.html. Este escritor, si bien en la vox populi es conocido por sus importantes obras -teatro, novela, cuento, ensayo- en el marco de la disidencia al sistema soviético, sigue escribiendo hasta hoy (yo no leí el libro que Joaquín señala, pero sí "El colapso de Rusia", muy interesante) y se mantiene muy lúcido, independientemente de que, por supuesto, no siempre se pueda coincidir con él.
Sobre el mito en Galicia, y sobre las mitologías en general, en el blog Compostela, muy bueno (I) http://compostela.blogspot.com/2008/03/sobre-el-mito-en-galicia-i.html y (II) http://compostela.blogspot.com/2008/03/sobre-el-mito-en-galicia-y-ii.html.
Seguiremos informando...

jueves 3 de abril de 2008

Idea tragicómica del matrimonio (o una iconoclastia de derechas, dedicado a una querida prima mía)

Yo soy de los que piensan que, cuando suena el cántaro, es que va el agua a la fuente. Así, me llama mucho la atención el parecido entre los verbos casar y cazar. Similitud que se ve aumentada -igual es que nos tomamos la idea de matrimonio con una mayor gravedad- para los que hablan algún dialecto derivado de la lengua catalana antigua. En efecto, caçar (cazr) y cassar (casar) se pronuncian de modo muy parecido, indistinguible para los castellanoparlantes. Como ejercicio lingüístico señalar la diferencia entre el significado de los dos siguientes pares de frases:
a)El señor cura ha casado dos tortolitos/ El señor cura ha cazado dos tortolitod
La diferencia aquí radica sólo en la resonancia cinegética de la segunda sentencia. Ruego que señalen alguna otra diferencia.
b)Ella se ha casado con él/Ella le ha cazado
Aquí, efectivamente, ambas oraciones tienen una coincidencia exacta en cuanto a su significado.
Una muy bella prima mía ha puesto fecha para su matrimonio, y sin duda tiene motivos para estar alegre, imaginando casándose de blanco, con flores y órgano y senyor retor, y qué emoción y yo, no comprendo las sospechan que ustedes albergan al respecto, comparto su alegría. Pero, al mismo tiempo...pobrecita ella...pobrecito él. El matrimonio es, posiblemente, la forma más efectiva de castración. Es algo bonito, qué duda cabe, hermoso, es una exquisita forma de suicidio, un suicidio de blanco y con invitados.
En la pieza cinegética que es el matrimonio, en esta pieza de caza, el arma del delito suele ser la casa. Con la casa, las gentes se casan. Un entrañable cuadro de costumbres. Esa es la escopeta. Los muebles del salón son la culata, la mesita de noche el gatillo, la habitación de los niños el cañón. Sólo hay que tener cuidado en el adecuado montaje del arma, para que la pieza de caza no termino en un gatillazo.
Motivos para el matrimonio hoy en día hay muchos y hay ninguno. En una sociedad -y conste que esto no es una crítica, la carne es débil, y las palpitaciones del corazón ofrecen mil tentaciones- donde ninguna relación está por estrenar antes del matrimonio, no termina de verse muy claro lo de que la gente se case como forma de avalar la sexualidad en una consagración del amor. Si acaso, y entre la gente más o menos creyente, el matrimonio ha pasado a ser el reconocimiento de una situación y la presentación de un amor ante Dios. En términos jurídicos -no se imaginan cuánto derecho se mete uno entre pecho y espalda en una oposición- el matrimonio ha pasado de ser un acto constitutivo a ser un acto declarativo. Dios como registrador celestial. Ignoro si sus honorarios son tan pingües como los de un registrados terrenal.
Luego, hay razones muy variopintas. Como aquellos que se casan cuando tienen hijos por una cuestión de seguridad jurídica -se ve que no se fían mucho el uno del otro, ni de las uniones civiles zapateriles- o para que los hijos se críen el marco de una familia tradicional -familia tradicional que lo no es tanto pre-infantes. Quizás la Iglesia debería cuestionarse sobre la sinceridad de muchos matrimonios y bautizos, amén de comuniones, amén.
Copiando a Borges, que decía lo propio del morir, casarse es una costumbre que suele tener la gente. Sólo que a los 26 años aún no lo tengo en prospectiva, ni conozco todavía a ninguna hembra dispuesta a suicidarse de blanco conmigo. Quizás me tenga que quedar a vestir santos -lo cual no sería recomendable porque mis conocimientos de costura están entre lo indescriptible y lo nulo- o de fraile...eso sí, de fraile motilón.

domingo 30 de marzo de 2008

The Decembrists. Indie (I)

Para los despistados, indie no se refiere a lo indio, sino a la cultura -en referencia aquí principalmente a la música o al cine- independientes, es decir, que pretenden, de algún modo, existir al margen de las grandes productoras. Empiezo esta serie por mi gusto por el indie y para que vean que no sólo me gustan esos maravillosos tangos cantados por señores muchas veces muertos, escritos por señores más muertos todavías, que, aunque para mí la palabra modernidad es como el agua bendita, los ajos o el crucifijo para un vampiiiiiiro (por cierto, ¿habéis visto alguno en vuestra infancia la serie del pato vampiro, Duckula o Pátula?..."buenas noches a todos, seais lo que seais, buajajajajá...") me gusta también música más de hoy en día:


Democracia y Gobernabilidad en Europa

Quiero compartir con los lectores del blog el primer ensayo escrito para la preparación de las oposiciones al Cuerpo Superior de Administradores Civiles:
Para tratar sobre el tema de “Democracia y Gobernabilidad en Europa” es fundamental, antes que nada, exponer brevemente lo que se va a entender por ambos términos en lo que se diga a continuación. ¿Qué es la democracia? ¿Qué es la gobernabilidad? Sin necesidad de atender a una definición muy precisa o muy rigurosa de democracia, que en un trabajo que se pretende ágil y breve quizás no tendría mucho sentido, sí pretendo dar una definición desde un punto de vista ético. Constato que, sin necesidad siquiera de acudir a posiciones utópicas, la democracia actual no es una democracia suficientemente democrática. No se puede decir que en un sistema político en el que los ciudadanos se limitan a votar cada cuatro años y no hay un interés por la política más allá de la mera retórica y la mera identificación partidista, estos ejerzan realmente como tales. No actúan como ciudadanos, sino más bien como súbditos, han hecho una cesión de la parte que les corresponde de la soberanía política y han dejado de ser sujetos políticos para convertirse más bien en objetos políticos. Así pues, se busca una democracia que, presuponiendo los requisitos formales de la misma, logre atraer el interés y la participación ciudadana, y logre dar audiencia a este interés.


¿Qué es la gobernabilidad? Para la definición de gobernabilidad, siguiendo a Salvador Giner, señaláremos como fundamentales las siguientes notas. Dice Giner, después de exponer las distintas concepciones (marxista, liberal, conservadora) que una definición genérica de gobernabilidad sería “la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legítimo por la ciudadanía, permitiendo así el libre ejercicio de la voluntad política del poder ejecutivo mediante la obediencia cívica del pueblo”. Es decir, la gobernabilidad es el problema de la legitimidad y el buen ejercicio del gobierno en relación a la multiplicidad de impulsos sociales a los cuales éste debe obedecer. Impulsos que, en no pocas ocasiones, resultan contradictorios. Por ejemplo, el pedir al mismo tiempo una bajada de impuestos y un gobierno que responda en cada vez más ámbitos, o la dificultad de compaginar el crecimiento del Gobierno y la eficacia de éste. De los distintos aspectos de la gobernabilidad señalados por Giner –esto es, el dilema legitimidad/eficacia, las presiones y demandas del entorno gubernamental, la reestructuración corporativa de la sociedad civil y la expansión y el cambio tecnológico- nos interesa especialmente el primero: la eficacia del Gobierno, en este caso del muy incipiente gobierno europeo, en atender a las necesidades de los ciudadanos, y la legitimidad o no legitimidad que deriva de que estas necesidades sean o no realmente atendidas.


No puede haber una verdadera democracia política sin una democracia social. No entendemos por democracia social aquí lo que, siguiendo a Ortega, se llamaría democracia morbosa: la obediencia siempre a la mayoría, el rechazo de toda elite o excelencia, o la consideración de la democracia como único factor a seguir. Pero sí la verdadera existencia de un pueblo, que se da cuando el hombre se siente tratado como un ser digno, y siente ser parte realmente de la comunidad política, en la que cuentan sus necesidades y aspiraciones, y de la que se siente que ayuda a formar. Desde posiciones conservadoras, se ha venido rechazando el uso del término “clase trabajadora”. En cuanto a subjetividad o heterogeneidad en la composición social esto puede ser cierto. No hay una clase trabajadora homogénea y que se entienda a sí misma como tal, como sí que se daba en los estadios intermedios de la sociedad industrial. Cabe, sin embargo, en atención al tema expuesto, preguntarse si no hay un conjunto de personas en situación desfavorecida, en una situación, déjese claro, no muy distinta, en cuanto a relegación social, a la antigua clase trabajadora. Personas en situación desfavorecida se pueden hallar en las distintas categorías sociales: los inmigrantes o los mileuristas, pero también aquellas personas que se ven sometidas a condiciones cada vez mayores de flexibilidad y precariedad laboral, e incluso aquellas personas de clase media que viven bien, que componen la gran mayoría del cuerpo social, pero que dedican lo mejor de sus vidas a una actividad productiva, van engriseciendo su vida y sintiendo una cada vez mayor fatiga. Siendo sensatos, ¿estamos a partir de aquí en condiciones de hablar de un demos? ¿Estas personas tienen razones suficientes para sentirse identificadas en la comunidad política, o considerarla, tanto a nivel estatal como europeo, un proyecto ilusionante? ¿Hay una verdadera eficacia en la atención a sus necesidades y aspiraciones, que genere una verdadera legitimación del poder político?


La cuestión del demos europeo debe atenderse desde dos perspectivas, social y territorial, o de configuración de espacios del poder político. A este segundo respecto, Larry Siedentop hace una serie de consideraciones que a mí me parecen importantes. Recuerda con acierto que, durante siglos, se entendió la democracia como algo que no podía funcionar en unidades políticas de gran escala, sino sólo en las antiguas ciudades-Estado griegas (cuyo intérprete fue Pericles en su discurso fúnebre, no sosteniendo los grandes filósofos posturas propiamente democráticas) o de las ciudades- Estado de las que se componía, como un puzzle de multiples piezas, la Italia previa a la reunificación (cuyo teórico más señalado fue Maquiavelo). Montesquieu habla de la dificultad de la aparición de la virtud política sobre la cual se sostienen los Estados no despóticos en grandes espacios, su falta de identificación y la necesidad de una autoridad fuerte para su cohesión. No obstante, estudiando la constitución inglesa y la tradición europea del honor de los señores frente al Rey, Montesquieu habla de la posibilidad de un gobierno moderado cuando existe una aristocracia local que descentraliza el poder y sostiene su honor frente al Rey. Una derrota muy distinta seguirá Francia donde, en las ciudades y núcleos urbanos de alguna importancia, el Rey sustituye a los señores por sus delegados. Esto, por supuesto, es un paso en la creación del Estado Moderno que, tras las Revoluciones Liberales, puede imponer la igualdad ante la ley. Pero, la Historia siempre avanza dando vueltas, fue en su momento un crecimiento del poder despótico y la desaparición de una tradición de libertad de los cuerpos intermedios.


Hoy vivimos, sin embargo, en una sociedad post-aristocrática, de modo que el problema de la libertad y la descentralización del poder hay que planteárselo de un modo distinto. Aquí, siguiendo todavía a Siedentop, nos encontramos con las figuras de los federalistas americanos, cuyos exponentes principales son Hamilton, Madison y Jay, y de un francés que resultará un intérprete genial de la entonces recién nacida democracia estadounidense, Alexis de Tocqueville (de quien me gustaría recordar, si bien no es algo relacionado directamente con el tema, que fue sobrino político del gran Chateaubriand, recuerdo que justifico no sólo por mi admiración, sino por el carácter parecido de los caracteres y posiciones de ambos, aristócratas póstumos). Surge entonces un nuevo tipo de honor político, lo que Siedentop llama honor democrático, que expone Tocqueville –también sabiendo sus posibles amenazas internas futuras- y que, en lo que se refiere a la estructuración del poder, se basa, en el caso americano, que trae diversas ventajas, que podríamos resumir en la descentralización del poder, el refuerzo del valor del pluralismo y, siendo esto algo muy importante en la constitución de un demos, la formación del carácter por la participación en la gestión de los asuntos públicos y la existencia de un poder público más atento a las necesidades ciudadanas.


A partir de aquí, Larry Siedentop, convencido federalista europeo aunque británico, hace una encendida defensa del federalismo como modelo para generar un auténtico demos europeo. Evidentemente, tiene mucha razón, aunque sea por algo tan evidente de que Europa sólo existirá como comunidad política en cuanto la veamos como tal. También porque es la única forma de gestionar la diversidad europea, siendo Europa una civilización muy heterogénea, y de ningún modo una Nación en su formación histórica. Sin embargo, la cuestión más importante en la constitución del demos europeo es, no cabe duda, la formación social.


Aquí, desde luego, sigue teniendo importancia la estructuración política. El poder que resida en Europa será la base a partir de la cual la Unión Europea pueda atender a las necesidades sociales de los grupos desfavorecidos que anteriormente vimos. La realidad se compone de vasos comunicantes, de pescadillas que se muerden la cola. Porque, desde luego, parece también claro que, si el poder europeo quiere constituirse democráticamente, tendrá antes que contar con la adhesión de un demos, con la legitimidad. Esto, que en otro orden de cosas nos recuerda la dificultad de ser europeos sin un poder público europeo, y de constituir un poder público europeo si no nos sentimos antes europeos, entra en relación con la distinción afortunada de Siedentop entre el modelo británico y el modelo francés de lo que debe ser Europa. Un modelo británico que no ofrece realmente ningún proyecto ilusionante y que quiere ser algo así como un poco más que un mercado único, pero, desde luego, no una federación, y que viene explicado por los tradicionales recelos británicos hacia el continente y por las dificultades en que está entrando la Unión Europea en coordinar un gran espacio político y un poder público democrático en el sentido de responsabilidad y representación. Frente a ello se halla un modelo francés federalista, sí, pero burocrático, con una burocracia quizás no hostil pero sí ciertamente fría hacia la ciudadanía, que no contribuye precisamente a la formación de esta, basada en una determinada concepción del servicio público.


Así pues, oscilamos entre un modelo británico en el que –copiando la fórmula marxista- la Unión Europea es el Consejo de Administración de las grandes empresas, o poco más, y un modelo francés burocrático no precisamente de alma democrática, sino más bien corporativo y elitista. Las perspectivas, pues, de la democracia en Europa son ciertamente halagüeñas. Hay, pues, un problema de representación, una Unión Europea que está más cerca de los intereses económicos que de la respuesta a las inquietudes de la gente de a pie (piénsese, por poner sólo un ejemplo, en lo sagrado de la contención de la inflación y el déficit público, y la inexistencia de una política efectiva en respuesta a las deslocalizaciones) y una burocracia difícilmente apelable. Despotismo público y privado que se retroalimentan mutuamente. Una burocracia y un poder público poco responsables continúan, desde luego, siendo poco responsables, en el ejercicio de una política de seguidismo de la voluntad del capital.
Hay, pues, claramente, un problema de representación. Un problema de representación cuyas dos principales causas son, a mi parecer, el corporativismo y la conservadora teoría post-materialista de Inglehart.


La conservadora teoría post-materialista, muy en boga en la ciencia política y en sectores supuestamente progresistas, sostiene que, pasada una época donde han desaparecido las grandes desigualdades sociales y se ha superado la amenaza de depauperización anunciada por Marx, las políticas y los ciudadanos se centran en cuestiones simbólicas o de calidad de vida, post-materiales, en oposición a las cuestiones materiales, básicamente de procura existencial. La teoría postmaterialista tiene, sin embargo, muchos peros. En primer lugar, la difícil distinción entre cuestiones